Thursday, July 24, 2014

El milagro de la memoria

Desde que llegué de la oficina ayer se desató una espectacular tormenta de verano; llovió toda la noche.  Esta mañana, en mi mesa de trabajo, no me aguantaba de las ganas de salir a escuchar de cerca el canto alegre del arroyo; por eso, apenas garabateé unos apuntes y salí. Comencé a oír el murmullo desde el umbral de la puerta.  Me armé de videograbador, caminé sobre el mojado césped hasta el fondo del patio y crucé a través del torii.

Comencé a grabar el momento y, encantando por el canto, paseé por toda la orilla captando el puente, la constante gota de agua llenando el shishi odoshi, la lámpara de piedra, el correr del agua bajo el puente, la vista del Buda sentado entre las rocas del otro lado…  Extasiado me quedé en el correr del agua.

De vuelta en mi mesa de trabajo puse el video: a la máquina se le acabó la memoria y sólo captó 59 segundos.  A mí me queda todo, incluyendo el olor a mojado.









Thursday, May 8, 2014

Mi padre, el monje zen

Hace probablemente diez años o más que no me envuelvo en un proyecto de costura.  Ahora estoy haciendo un bulto para el bandoneón que me prestó una amiga (voy a aprender a tocar el bandoneón).  Anoche, mientras trabajaba en eso, volvió a romperse el hijo obligándome a ensartar la aguja de la SINGER industrial que compré hará ya quince años.  Aunque no uso lentes sino de vez en cuando para leer, estoy cegato y casi no veo (lo admito), se me dificultó encontrar el agujero.

Con Mía rondando a mi alrededor fue inevitable que me acordara de mi padre sastre y tapicero (astronauta y explorador de todo lo hecho por mano de hombre, ingeniero de la vida).  Últimamente sus lentes son mucho más gruesos que los que comenzó a usar en su juventud (mucho antes de que yo naciera).  Hace dos años me visitó y en su constante necesidad de estar ocupado, arregló unos muebles en casa.  Lo vi tomar el cabo del hilo entre pulgar e índice de la mano izquierda, con tijeras en la derecha, cortar la punta del hilo y, sin lentes y sin esfuerzo alguno, de un solo intento, ensartar el hilo en la aguja.

Asombrado le pregunté que cómo era posible que viera el agujero de la aguja, y me dijo: "No mijo, no lo veo, hace tiempo que no lo veo; pero, he hecho esto tantas veces que simplemente me acuerdo de donde está el agujero".

Marzo 5, 2014

Wednesday, February 12, 2014

La construcción de un puente japonés

La construcción de un puente japonés aparce en la sección CAJÓN DE SASTRE, de la Revista TRANSTIERROS

Hui del mundo de la ciudad y aquí abrí sendas entre los árboles para llegar al riachuelo, erigí un torii, construí un puente, una lámpara de piedra y levanté una campana. Me puse a contemplar cómo las estaciones tornaban los árboles de verde a amarillo, a marrón, a sombras, a esqueletos grisáceos vestidos de algodón y cómo resaltaban, perenne, el rojo de mi huella y verde de los pinos. Sé que las nieves esconden un sendero que, a través del torii, va de la casa al monte. Con el lente busco captar (como en un haiku) lo que me rodea cuando, cruzando el torii, voy y vengo.




Sunday, December 29, 2013

Isidro Jiménez Guillén entrevista a Keiselim A. Montás

 
Keiselim Montás: “Soy un espectador tratando de capturar una imagen, un momento”

Hace unos meses, tuve la grata experiencia de conocer al escritor Keiselim Montás (Keysi), en el marco del congreso de literatura Lengua de Mar (organizado por el El Arañazo Colectivo). Un ser Humano demasiado humano (Nietzche, 1878). Acompañado por su familia, visitaba el país que lo vio nacer en 1968. No llegó con las manos vacías. Aprovechó para pasear Allá: diario del transtierro su poemario más reciente y un montón de cosas que decir desde el transtierro.

Aquí, entevista completa:  http://isidrojg.blogspot.com/2013/12/keiselim-montas-soy-un-espectador.html


Monday, December 2, 2013

"Un recorrido geográfico y personal", por Carlos Reyes


Un recorrido geográfico y personal:
sobre Allá (diario del transtierro)

El poemario Allá (diario del transtierro) del escritor dominicano (residente en New Hampshire, EEUU) Keiselim A. Montás, es un recorrido geográfico y personal en el que la palabra se establece como vehículo de la identidad. Las peripecias humanas y cotidianas de un hombre exiliado desfilan por este diario poético en el marco de una geografía en movimiento. El hombre que emigra siempre está Allá aunque esté aquí: la coordenada espacial reclama el regreso y define los pormenores del desarraigo. La tierra natal siempre duele a una esquina del alma o ríe a carcajadas en la soledad y el frío de un Allá inhóspito y extraño.

Keiselim recorre Europa, América del Sur, las Antillas Mayores y Norteamérica siempre acompañado del lenguaje como forma de reconocerse en el idéntico desgarre de sus raíces. Hay una mirada crítica del entorno, unas confesiones de hombre aterido de espanto, de entidad conminada a las carencias interminables. Y todo dicho desde un ámbito lingüístico que no olvida la dominicanidad, tanto de habla como de actuación, que no somete el sentir a modulaciones retóricas y que deja espacio a la memoria como vuelta permanente a sus orígenes culturales.

                                           Carlos Reyes, Mao, Valverde, República Dominicana, 18 de junio, 2013

Thursday, November 21, 2013

"Una emoción al descubierto", por Margarita Aldanás

Una emoción al descubierto: sobre Allá (diario del transtierro)

                                            Margarita Aldanás, Ciudad de Matanzas, Cuba, 12 de septiembre, 2013

Tengo ante mí una emoción al descubierto, una emoción que se hace conmoción, y a la vez penetra suave, serena, en mis cavernas, el libro de Keiselim A. Montás, Allá (diario del transtierro). Poemas que progresan, suceden y edifican; pudiendo interesar a los mejores espíritus, definir a los incrédulos, porque vienen con renovados entendimientos y perspectivas de un mayor alcance.

El poeta Keiselim suele liberarse de la mezquindad y hostilidad, e incita a una mirada justa ante la nueva y antigua realidad. Con PROFUNDIDAD, logra la carga expresiva de los versos y receptividad de los mismos. En testimonios brota la vitalidad, la tristeza por tanto nacimiento que no pierde la raíz ni andando, pero fiel a sí mismo, a cada origen humano se debate y conjuga con expresión precisa, por eso así nos dice: Encamíname bajo la lluvia al pueblecito / tras la empalizada del maizal / del tío abuelo Antonio, y de dónde nace sino de la realidad, de la inquietud del alma y el deseo de un rigor reflejando lo nuevo, lo mejor, lo peor de la realidad contemporánea.  El poeta conoce del peregrinaje, de la Odisea de los hombres, como tal la aventura, un cruce del mar, de aguas que se vuelven turbulentas, tristes, y sin pretender la estatua de sal, la pregunta de todos, por qué lo abandoné, por qué lo he dejado, y es sencillamente la apuesta que encuentro:

Amanece, comienza a clarear el día;
no es un día
como todos los días de mi infancia.
Comienza a clarear el día, amanece;
es un día
como ninguno de los días de mi infancia.

En momentos la ansiedad va conjunta con toda la esperanza, con toda la sustancia, y en lo íntimo acercar el arte, amar la vida con toda la intención no de un hallazgo, sino de la conciencia, por eso todo verso tiene la coherencia de la problematización y el propio conjunto intrínseco de la lucha del hombre, del poeta.

Así me acerco a "Parentesco con los prójimos", me acerco y siento que:

Sucedió
sábado,
frente al espejo todo comenzaba:
ese hombree de un cuarto de siglo que soy,
ése que frente al espejo navaja en mano,
cara empapada,
atinaba al corte.
Imagen simultanea
del padre:
ese hombre que es, que cuenta con medio siglo,
quizás nunca se ha parado así.

Y todo se va dando por la magia de un libro sin mediaciones, sólo que alerta, que va creando un devenir progreso con el cual se define la propia lengua tomada, retomada, del escritor y su nación, y sus naciones, un libro que permite expresar la talla de este escritor con sus conquistas, con su dominio, con su atmósfera en orden, llana, nada hueca, todo lo contrario, específica.

Me aporta innovación verbal, congruencia del modernismo, me lleva ALLÁ A CONOCERLO, Y A CONOCER LA AMERICA DEJADA. Todo el andar que hemos atravesado, el verso es el vehículo de su cultura individual y colectiva, por eso vuelve a decirnos:

La tarde estaba tibia,
no recuerdo si las calles eran de piedra
o si las habían asfaltado ya.
Tómanos el fufurio de Pepín
vertiginosamente calle abajo
corríamos montados sobre él los tres
y nos moríamos de la risa,
era incontenible,
mientras la rueda delantera apuntaba en dirección
                                                                              autónoma del timón:

la palabra  la vuelve libertad, a pesar, y hay clamor y hay hazaña, creación, estilo, puedo decir que Keiselim A. Montás culmina sus versos, porque tiene la posibilidad de expresar el conflicto sin temor y toda ansiedad, y convulsión de esta época, con el valor de ALLÁ.

Doy Gracias por recibir este libro hermoso, humano, con exactitud y precisión, han sido días, reitero, de carga emocional, de esclarecimiento, de tomar interés, de imágenes concluidas y encontradas para mí, y saber que ALLÁ puede ser aquí, que ALLÁ SOMOS TODOS, y es esencial descubrirlo cuando las interpretaciones sólo sean los mejores versos para una siembra inmediata que flota por momentos, y que encontremos en ellos la cimiente de toda construcción hermosa.  Por eso:

   Es increíble cómo emerges de entre las nota de una canción ajena,
   no entiendo cómo te me relacionas a los versos
de un poema huérfano; pero estás porque estás.
Por los caminos perdidos de mi infancia
en la potranca blanca vengo del pozo
(y tú vas)…


Thursday, September 12, 2013

Un camino a los versos

En este video José Kozer lee un poema dedicado a su padre. Este poema es el poema aludido en mi poema "De José Kozer a Howard Anton".




Sucede que comencé la universidad como estudiante de matemáticas (que escribía versos) y poco después tuve a José Kozer como profesor. Terminé por dejar las matemáticas y estudiar literatura.

Ese poema, publicado en septiembre del 1991, en Abigarrada (revista de Queens College), sirve como evidencia de esa transición que me llevó a cambiar de área de estudios. Aquí lo comparto:

De JOSÉ KOZER a HOWARD ANTON

Acabo de leer a Kozer y mi mente deambula todavía en La Habana, 
en su abuelo que se muere de cáncer,
en su hija, en su ex-esposa,
en su padre que vende trajes.

Y ahora tengo que asentarme la cabeza en el libro de cálculos 
cuando lo que quiero es escribir,
transportarme al puerto de Kozer en La Habana,
a mi abuelo,
a mi padre que también fue sastre de noches clandestinas de marxismo,
a mi infancia que naufraga en el poema de la infancia de Kozer.

Y ahora tengo que asentarme la cabeza en el libro de cálculos,

cuando lo que quiero es escribir: "¡Qué coño!".